viernes, 16 de diciembre de 2011

El Coliseo Albia de Bilbao

La reluciente fachada
En Octubre del 2010, terminó la rehabilitación de la fachada del antiguo Teatro Coliseo Albia de Bilbao. Se han respetado las paredes exteriores (al tratarse de un edificio histórico). Toda la estructura interior se ha demolido, vaciándola y rediseñándola. Resulta una nueva construcción, con tres sótanos y otras tantas alturas. Será el futuro Hotel-Casino de Bilbao, con noventa y siete habitaciones. El proyecto, está muy avanzado. Creo que ha sido lo mejor que haya podido sucederle a este lugar. Pero me es imposible, no sentir añoranza, cuando recuerdo todos estos años transcurridos.


El que fuera, inicialmente, Teatro-Circo, se inauguró en 1916, con el “Otello”, de Giuseppe Verdi y se clausuró con una “Ariadne auf Naxos”, de Richard Strauss, el 29 de abril de 1999. En más de ochenta años, han pasado por su limitado escenario, las primeras figuras de la Ópera y el Teatro. No miento, si digo que,  queda uno “acongojado”, ante tanto nombre ilustre de Cantantes, llegados al bocho. Quien quiera, puede hacerme una apuesta, para ver si está, un determinado cantante “equis”, que él mismo quiera elegir.


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La llegada del tunante Dulcamara
El viejo local, era el epicentro, de Bilbao y Vizcaya, en el género lírico y el dramático. Desde 1953, casi todas las funciones de ABAO (Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera), se han celebrado allí. Y esta es mi añoranza, cuando recuerdo esas representaciones que escuché y viví. ¡Naturalmente que tenemos el Palacio Euskalduna! Pero de lo que hablo, es distinto, algo único que no volverá a suceder.


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Dulcamara
De aquellas escenificaciones, recuerdo un “L’elisir d’amore”, de Gaetano Donizetti. No estoy seguro de la fecha (quizás 1993). Lo cierto es que, en aquella época, les dio a los escenógrafos por “estirar” el limitado espacio del que disponían para su trabajo. ¿Cómo? Pues invadiendo el pasillo central y los dos laterales, del patio de butacas, para acabar subiendo al escenario. Es decir, los actores, generalmente el Coro, no salían desde detrás de las cortinas: lo hacían como un espectador más.


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Adina y Nemorino
Protagonistas del "Elixir"
Esta ópera genial (L’elisir d’amore), muestra del más puro  italianismo musical, tiene, como es lógico, una parte bufa (también, hay una sentimental). El más alto nivel cómico de la comedia, lo representa un charlatán de feria, llamado Dulcamara. Tiene que hacer como que llega a un pueblecito remoto, para vender su elixir mágico, que sirve para todo. Debe entrar con su carrito, a veces, montado en su animal de carga de madera o cartón. Y la entrada es sonada, porque hace mucho ruido para atraer la atención.


Dulcamara, en este caso, apareció cantando, por el patio de butacas, con su mercancía, que traía en un cestillo. Mientras lo hacía, iba regalando botellines de vino de Rioja a los espectadores del pasillo central de butacas. No eran muestras, no, sino botellas individuales (para un solo bebedor). Y como precisamente yo estaba,  en el lugar adecuado, recibí una. Me hizo gran ilusión, hasta el punto de que todavía la conservo.

2 comentarios:

FanaticoUm dijo...

Caro Juanba,

Acabei de encontrar este seu interessante blog e tornei-me seu seguidor.
Como temos interesses em comum, convido-o a visitar e a seguir o nosso blog “Fanaticos da Opera / Opera Fanatics”:
http://www.fanaticosdaopera.blogspot.com/
Escrevo em português pois estou seguro que o entende bem.
Abraço de Portugal.

Juanba dijo...

Amigo FanaticoUm,acabo de visitar tu página. Enhorabuena. Me ha parecido muy interesante. Con muchos, muchos, seguidores y Muchísimas visitas, señal de que suscita interés por parte del lector. Si he entendido bien, es mucho también el trabajo que piensas realizar, pues hay un buen número de óperas pendientes de comentario. A partir de hoy, pondré tu págica en mis tres blogs. Y te brindo colaboración para lo que gustes.

Ah! se me olvidaba decirte que en tu comentario del Tríptico pucciniano, creo, si no me eqjuivoco, que falta Gianni Schicchi que, espero, lo comentes también. Finalmente, perdóname por no escribir, ni si quiera una palabra en portugués. Es una de las lenguas que me resultan desconocidas, quizás por la proximidad al español. Saludos cordiales y a tu disposición.